ademas, el mundo diabolico siempre era oscuro, no existia el dia, tan solo existian momentos de mallor o menor oscuridad, diferenciados por la claridad del gran volcan Makyojankyu. un volcan inmenso que siempre estaba en continua erupcion, pero que por alguna razon nunca explotaba del todo. esto hacia que para un ser que no pertenecia a la estirpe diabolica el calor dentro de todo el ambiente fuera casi insoportable.
bajo estas tremendas condiciones kaarat se disponia cada dia a entrenar dentro del templo sagrado del gran demonio Makyosan. Makyosan era el nombre del mas grande y sanguinario de los demonios. en su grandisimo honor fue levantado un gran templo de roca magmatica y de siniestra apariencia. a los dos lados de su gigantesca entrada se erguian dos estatuas: Makyhi y Mezashe, los dos hijos del grandisimo makyosan, que continuaron su estirpe durante un gran y oscuro reinado.
makyhi era el hijo pequeño y al ser el unico hijo baron tomo el puesto de su padre cuando el espiritu de este abandono el mundo etereo. makyhi nunca consiguio igualar la grandeza de su padre pero si logro governar con gran mano dura durante cientos de años.
la princesa mezashe por su parte era toda una belleza en el mundo de los demonios pero siempre ocultaba su verdadera forma. pocos fueron los que la vieron tal y como era. a esto ultimo cabe añadir que todo aquel que la contemplaba en su verdadera encarnacion acabava suicidandose a los pocos dias. solo los miembros de su familia eran inmunes a este hecho. tal era la maldicion de la hija mallor del gran makyosan.
las malas lenguas cuentan que la princesa mezashe era una gran arpia que guardaba con gran recelo la idea de que su hermano pequeño obtuviera el trono de su padre. se dice que un dia que el volcan makyojankyu permanecio apagado, ella tomo la forma de una niebla venenosa que dio muerte a su hermano makyhi mientras dormia.
en este templo kaarat y dabra llevaban a cabo sus entrenamientos:

-¡vamos, escoria inmunda! ¡a ver si puedes esquivar esto! porque no me iras a decir que el hecho de tener dos costillas rotas mengua tus reflejos.-farfullaba el gran señor dabra mientras lanzaba con la palma de su mano una rafaga de bolas de fuego, las honoo tama.
-¿por quien me toma, gran señor? esto no son mas que juegos de infantes. ¿por que no me golpea en serio hoy?-contestaba kaarat deshaciendo el fuego con la palma de sus dos manos y lanzandose tras el.
a esto dabra respondia con su zanzo majyutsu, una tecnica consistente en dejar una imagen del espiritu demoniaco donde antes se hallaba su cuerpo. de esta manera el joven brujo solo conseguia golpear el aire mientras dabra atravesaba uno de sus brazos con una pequeña daga aparecida de la nada. aquejado, kaarat decia:
-¡aaarrrgh! ¡¿pero cuando...?!
dabra, velozmente golpeaba a kaarat con una tremenda patada en el mismo brazo herido, lanzandolo contra uno de los pilares del templo. kaarat ya apenas podia ponerse en pie y dabra daba por finalizada la sesion:
-bueno, ser deprimente. tengo cosas que hacer asique, espero que mañana presentes mejor batalla. no tiene sentido destrozar a un maniqui que ni siquiera es capaz de moverse a mi misma velocidad. como sigas asi al final acabare mandandote al infierno de una vez. he de irme...basallo insignificante.
-¡NO! ¡urrrrgh! esto no es mi final...-kaarat aun no se daba por vencido, aun escupiendo sangre por la boca.
-¿no? ¿y como piensas atacarme, escupiendome sangre a la cara? JAJAJAJAJA.-dabra se burlaba.-los seres de tu calaña sois deplorables, cada dia que pasa me arrepiento mas de dejarte con vida. mañana, si tu espiritu aun sigue en este mundo, continuaremos donde lo hemos dejado. ¡y no se hable mas!-daba por finalizado definitivamente el gran señor. kaarat quedaba alicaido y vencido una vez mas.
en verdad, el señor dabra era tremendamente despiadado con el joven brujo pero lo cierto es que kaarat era el unico en todo el mundo demoniaco capaz de seguir el ritmo a dabra. pero kaarat no era consciente de esto y su frustracion le llevaba a que cada "noche" se dirijiera a las antiguas bibliotecas para aprender algo nuevo y estar asi a la altura de su gran señor.
